El equilibrio difícil de cualquier cuidador: estar disponible si pasa algo, sin controlar la vida de la otra persona. Estas son ideas prácticas para lograrlo, y para no cargar todo el peso en una sola persona.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. (CDC) describen que quienes cuidan a un familiar de forma prolongada tienen más riesgo de ansiedad, depresión y problemas de salud propios, sobre todo cuando no comparten la carga ni tienen momentos de descanso. Cuidarse a uno mismo no es egoísmo: es lo que permite sostener el cuidado en el tiempo.
Antes de instalar cualquier herramienta, conviene hablarlo: qué situaciones justifican un aviso, a quién se avisa, y qué información se comparte y cuál no. Cuando la persona participa de esas decisiones, la supervisión deja de sentirse como vigilancia.
Si una sola persona es el único contacto, cualquier viaje, turno de trabajo o noche de sueño se vuelve un problema. Tener a varios familiares y al médico en la misma red hace que la alerta llegue a quien esté disponible en ese momento, sin depender de una sola.
Preguntar «¿cómo te sentís?» diez veces al día cansa a los dos. Delegar en el teléfono y el reloj el trabajo de estar pendiente — medir, detectar, avisar — libera la relación para que sea eso, una relación, y no un chequeo permanente.
La Red de Cuidado permite invitar a varios familiares y médicos, gratis y sin límite. Cada uno recibe la misma alerta al mismo tiempo. El paciente controla qué ve cada persona y puede revocar el acceso cuando quiera. La app hace el monitoreo en segundo plano, así nadie tiene que estar mirando el teléfono.
La Secre vigila la salud y avisa a la familia y al médico, en iPhone y Apple Watch.
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